Según la mirada del Coaching Ontológico nuestra cultura necesita desafiar las creencias sobre las que ha construido su sistema de valores.
Hemos construido un mundo donde los valores más sublimes, son el dolor el sacrificio, la renuncia y la muerte, valores que nuestra cultura ha centrado en el horizonte de lo “sagrado”. Desde allí, una propuesta como la de la Biodanza, de “danzar la vida”, puede parecer una burla; sin embargo nuestro ofrecimiento no consiste sólo en danzar, sino en activar mediante la danza potenciales afectivos y de comunicación que nos conecten con nosotros mismos, con el semejante y con la naturaleza.
Rolando Toro sostiene que aunque el potencial humano es uno en cada individuo, a medida que va creciendo va desarrollando cinco líneas de vivencias: Vitalidad- Afectividad- Creatividad- Sexualidad y Trascendencia.
Desde que Freud identificó neurosis con represión, sabemos que las formas de opresión, más sutiles como los mandatos religioso-moralistas, producen daños más severos que los castigos físicos en sí.
Como coaches ontológicos acompañamos procesos de indagación y cambio personales donde quienes desean tomar el liderazgo de sus vidas, tienen como principal obstáculo, esos mandatos o creencias que limitan seriamente su accionar, elevando muros que los alejan de sus deseos profundos y del camino de superación. Muchas veces esos muros están formados por ladrillos de valores asumidos y nunca discutidos, a los que adherimos por la autoridad de quienes nos los transmitieron, sin darnos cuenta que si nos atreviéramos a reflexionar críticamente sobre ellos, se harían polvo a la luz de los nuevos valores que elegimos para liderar nuestras vidas.
Lo primero que aparece bloqueado en los comienzos de la vida del hombre, es el movimiento, que es la expresión primaria de la vivencia de Vitalidad. Mandatos tan “preventivos” como ¡no saltes! ¡no corras!, ¡Quedate quieto! ¡No toques esto! ¡No llores!, acaban produciendo efectos mucho más desastrosos que aquello que pretendían prevenir.
También la expresión Creativa y la capacidad de ir más allá de uno mismo, a la que llamamos transcendencia, se verá afectada.
Los mensajes institucionales más comunes son del tipo ¡No hagas eso que es ridículo!, ¡No te comportas como se debe, eres un inadaptado! ¡No te desubiques, sigue las normas! ¡No cuestiones!
Por carencia de estímulos suficientes o por represión, gran parte de nuestro potencial permanece, de hecho, “en potencia”.
Pero al contrario de lo que el fatalismo cientificista cree, esto no significa que quede sin desarrollarse. Si se estimulan con los necesarios ecos factores positivos de manera sistemática y en forma recurrente – como proponemos con los ejercicios de Biodanza_ potenciales como vitalidad y sexualidad (expresada en una profunda renovación orgánica, aumento en la producción de hormonas hipotalámicas, neurotransmisores y una cada vez más estable homeostasis) pueden aparecer cambiando la vida de la persona.
Con el estímulo de la capacidad lúdica, de la inteligencia y de la creatividad, con la reconstrucción de la capacidad de amar y la apertura a la trascendencia podemos lograr una transformación también.
El aporte que la Biodanza puede hacer al fenómeno de lo humano desde el cuerpo físico y emocional, es celebrado desde el coaching ontológico como una complementariedad necesaria para que una persona se conecte plenamente con su deseo profundo y asuma el liderazgo de su vida en lo personal y social, desde lo más vital de sí mismo.










